El sabor de la cucharita

<< […] Todo nuestro mundo está construido en suposiciones y pre-conceptos que, así como adolescencia y madurez, nos aportan aspectos positivo y negativos a la vez. Nada en este mundo es absoluto. Pues tampoco los pre-conceptos son necesariamente un mal.

De hecho los pre-conceptos son simplemente patrones de pensamientos, esquemas de ideas que nos permiten ser funcionales en un mundo complejo.

Los pre-conceptos son los que nos protegen por el pararnos para cada pequeña decisión de nuestra vida.

¿Hoy voy a desayunar con cereales o con zumos?

Por suerte nuestra mente, a través de nuestra experiencia nos permite solucionar este dramática elección matutina porque ya en pasado lo que hemos experimentado nos ha llevado a tomar una decisión.

Cada vez que desayunamos con los cereales, la leche era complicada para digerir y nos daba un estado de malestar que afectaba nuestro trabajo que hacíamos mas despacio, nuestras relaciones porque la molestia nos impedía sentirnos a gusto en el medio de la gente etc… Sentíamos una sensación de pesadez que no nos permitía de concertarnos. Al mismo tiempo los cereales aportan fibra, pues regularidad intestinal, que como nos dicen todas la publicidades de yogures con bifidus, es muy importante. Ademas nos da la energía de los hidratos de carbono que son a liberación lenta y eso nos la “gasolina” para mucho tiempo sin necesitar el ayudo de azucares que pueden engordarnos o intoxicar nuestro cuerpo.

Tenemos luego que tener en cuenta del peso de lo que nos decían nuestros padres y nuestra familia cerca de cuanto sea saludable un vaso de leche a la mañana y uno para dormir la noche. “La leche es un alimento saludable y muy completo, eso es porque los niños lo agradecen tanto cuando nacen”, nos dicen, “y eso es porque lo producimos como mamíferos para nutrir a nuestros infantes”. Todo se dice, y el contrario de todo, pero lo que nos importa es si nos lo dice una persona de confianza o no y los padres, por un niño, son de confianza.

O al contrario decidimos de tomar solo un zumo. Con esta elección podemos empezar el día ligeros, no tenemos ningún problema con la digestión porque es muy ligero, nos hidratamos después de una noche en la que perdemos nada menos que dos litros de agua sudando y está lleno de vitaminas útiles para estar sanos.

Al mismo tiempo con el zumo empezamos a tener hambre a medio día, llegamos a hacer las cosas con facilidad porque no tenemos que digerir la leche y los cereales pero estamos muy sensibles a los bajones de azúcar y a largo plazo puede dar acidez y problemas de alimentación. Empezamos a insertar el rito de unos cafés por la mañana y esto nos hace conocer a gente en la pausa etc… Al mismo tiempo nuestros jefes miran mal a quien hacen muchas pausas, podemos tener problemas al trabajo, menos estabilidad económica etc…

Estos son pre-conceptos. El pre-concepto es una idea a-priori. Una idea que hemos creado en nuestra mente para facilitarnos la vida.

[…] Pues los pre-conceptos nos permiten facilitar nuestra vida diaria a través del almacenamiento de nuestra experiencias directas e indirectas tomando una ventaja desde nuestro pasado.

Hablando desde este punto de vista, los pre-conceptos tienen una función muy poderosa para nuestra capacidad de adaptación.

Está igualmente evidente la parte negativa y peligrosa del pre-concepto porque es una generalización, y por eso la gente mira solo a ese aspecto olvidando de la parte “adaptativa”.

Cuando la gente piensa negativamente en los pre-conceptos es porque tiene pre-conceptos sobre los pre-conceptos. Pero si tenemos pre-conceptos sobre los pre-conceptos como cosas malas, y al mismo tiempo los pre-conceptos permiten ser “funcionales” por la capacidad que nos da de hacer tesoro de nuestra experiencia, hay algo que chirría.

Puede que los pre-conceptos no sean tan funcionales. pero si no son tan funcionales, tampoco el pre-concepto que los pre-conceptos sean malos es tan funcional.

Pues cual es la verdad atrás este atasco mental que nos impide al mismo tiempo ser funcionales y no hacer algo “malo” como tener pre-conceptos? Nuestro destino es lo de ser inevitablemente horribles criaturas que viven de generalizaciones haciendo daños a los demás?

La primera cosa que se estudia en psicología es que los pre-conceptos son simplemente la base del pensamiento. Nuestra mente se desarrolla a través de pre-conceptos para facilitar nuestra vida y que nos permiten vivir dejando a un nivel “ya decidido” las cuestiones que nos bloquearían en tareas básicas. Una vez que la base está lista podemos pensar en hacer cosas más importantes.

Eso significa que nuestros pre-conceptos trabajan para poner a nivel “automático” las tareas mas sencillas para mantener libre nuestra mente superior.

Si estuviéramos hablando de ordenadores, los pre-conceptos son como las tareas que van a poner en nuestra “Ram”, nuestra memoria temporal de trabajo, unas funciones para que sus activación en paralelo nos permita trabajar a un nivel mas complejo. Son como los programas que gestionan la luz de la pantalla, los botones para subir o bajar el volumen, la conexión internet etc etc… así que cuando abrimos el ordenador simplemente podemos trabajar con su “interfaz gráfica” sin preocuparnos de abrir manualmente todas estas herramientas básicas y al mismo tiempo necesarias.

A nivel mental los pre-conceptos son todas las operaciones en paralelo que tenemos a nivel inconsciente para trabajar de manera ágil a nivel consciente, una teleoperadora que nos inserta los cables para que a nosotros simplemente lleguen las llamadas.. Hablamos de estructura antiguas que se forman en nuestra infancia, en el momento en el que empezamos a experimentar las primeras cosas de la vida. Claramente nuestra vida no se resuelve en la infancia porque muchas experiencias las hacemos en otros momentos de nuestra historia, pero en la infancia empezamos a construir las bases de los pre-conceptos.

Si vamos a tomar nuestro pre-concepto del desayuno de antes y vamos analizando la elección de los cereales con leche, podemos ver que este mismo pre-concepto está echo de diferentes pre-conceptos. El concepto del momento de empezar el día, el concepto de desayuno, el concepto de leche, el concepto de los cereales, lo del cuenco, lo de la cucharita, las de todas las funciones motoras que están atrás el movimiento que utilizamos desde lo de abrir la nevera, asta lo del llevar la cuchara a la boca y tragar etc… Cada uno de estos conceptos tiene a su vez otros conceptos que lo construyen.

Tomamos la cucharita.

Primero tenemos que ver si hemos elegido una cuchara o una cucharita. Pues empezamos con la forma, el tamaño, la textura, la resistencia, el color, el sabor (porque las cucharas y las cucharitas tienen un sabor aunque lo eliminamos de nuestra experiencia como estimulo neutro que no tiene que molestar los sabores de la comida), la primera sensación que hemos tenido cuando nos embocaban con una comida que nos gustaba o una que no nos gustaba, el cariño que sentíamos en este momento o al contrario la impaciencia, la violencia etc…

Eso porque cada concepto, que sea “pre” o no (aunque la diferencia no sea tan grande) tiene ben estrechas dos componentes, una intelectual/mental, y una emocional. Es imposible separarlas, tanto que a veces la parte emocional que es más irracional, puede afectar la parte mental/intelectual del (pre-)concepto.

Eso porque las emociones son mas inmediatas y fuertes que los pensamientos en un niño que todavía no razona racionalmente como un adulto (ver capitulo desarrollo del niño y ciclo de vida), así que para él es más fácil recordar emociones que pensamientos.

Si hemos conocido solo cucharitas que nos han hecho daño porque nos daban comida que no nos gustaba o con una fuerza innecesaria, tendremos a evitar esta cucharita “mala” en nuestra vida diaria.

Ahora, si esta cucharita ha sido muy muy “mala” para nosotros a lo mejor desarrollaremos una fobia de todas las cucharitas del mundo y nunca podremos tomar un café con azúcar en nuestra vida. Pero como afortunadamente eso no va a pasar todos los días, todas las otras gradaciones de “maldad” de esta cucharita llegaran a nuestro presente a través de manifestaciones segundarías.

Por suerte somos ordenadores inteligentes y podemos corregir nuestros programas en parte, porque tenemos variados programas de protección, las “defensas psicológicas”, que nos permiten solucionar mas o meno establemente nuestro pensamientos negativos y que nos protegen de un total desmoronamiento de nuestro ser cuando enfrentamos retos que amenazan nuestra integridad mental.

Eso significa que en frente una “amenaza” como puede eser una experiencia negativa de una cucharita clavada en la garganta de un niño que no quiere comer espinacas y acaba incluso respirarlos, no acabamos destrozados y ruinados para toda la vida con una estigma indisoluble.

Estas defensas solucionan el problema, pero no siempre se trata de una solución definitiva y cuando nos permite evitar desarrollar una fobia de las cucharitas, puede todavía afectar a otros pre-conceptos secundarios asociados a esta experiencia negativa.

Tal vez la carga emocional pueda descargarse en la textura dura e fría de la cucharita que casi nos ahoga de espinacas llevandonos a experimentar sensaciones negativas cada vez que asociados un aspecto de nuestra vida con esta textura. Puede que se produzca una reacción a la dureza emocional de las personas que no nos permite aguantarlas, la dureza simbólica asociada con la sexualidad, la capacidad de aceptar los sentimientos de los otros asociada al tragar forzado etc… 

Las asociaciones pueden ser muchísimas y muy variadas y como nuestros recuerdos tienen una parte emocional muy poderosa que no nos permite de grabar los acontecimientos en manera objetiva, sería muy poco útil intentar regresar a este recuerdo del pasado tal cual como hace la psicoanálisis clásica. 

Aunque esta ciencia tenga muchas variantes el trabajo con los recuerdos da mucha importancia a nuestro pasado como si fuera real, mientras la terapia regresiva nos permite trabajar con nuestros pre-conceptos, nuestros recuerdos sin decir nada sobre si de verdad algo ha pasado o si es solo una experiencia alucinatoria de nuestra mente. Esa manera más honesta de ver a nuestros recuerdos les restituye su esencia emocional pura y evita el enganche del cliente con su pasado. 

Además, tratando estas imágenes como tal no recuerdos, la terapia es más breve, porqué el paciente no tiene que aceptar que estas imágenes sean reales y habrá trabajado solo en la parte más emocional sin entrar en el incierto mundo de la interpretaciones.

Quitando el peso de trabajar con eventos reales disminuimos la necesitad de reprochar a la vida para las injusticias subidas eliminando el tema de la victima.

Estos eventos son reales en su mente, y que hayan pasado exactamente como se los recuerdas o no, no influye en su vida porqué lo único que va a quedarle, al final, es solo una sensación de cierre y de paz con la emoción que sentía.>>

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